El «Consejo de Paz»: una nueva herramienta del imperialismo estadounidense nacida en Davos

*Joan Balfegó

En el marco del Foro Económico Mundial de Davos, Estados Unidos ha impulsado la creación de un supuesto «Consejo de Paz», un organismo internacional que, bajo una fachada de mediación y resolución de conflictos, no es más que un instrumento para avanzar en sus agendas imperialistas. Esta iniciativa, presentada con pompa por el presidente Donald Trump, revela las verdaderas intenciones de Washington: salvaguardar su dominio global mediante intervenciones disfrazadas de esfuerzos humanitarios y diplomáticos. Lejos de promover una paz genuina, este consejo parece diseñado para facilitar acciones agresivas en regiones clave, ignorando instituciones como la ONU y exacerbando tensiones dentro del bloque euroatlántico.

Una ceremonia de apariencias

Durante una ceremonia en Davos orquestada por Trump, se firmó la carta fundacional de este «Consejo de Paz». El mandatario estadounidense no escatimó en autocomplacencia, presentándose una vez más como un «paloma de la paz» en medio de arreglos imperialistas. En sus declaraciones, enfatizó planes para Gaza, proponiendo su «desmilitarización, un gobierno adecuado y una reconstrucción espléndida». Además, expresó disposición para intensificar negociaciones en Ucrania con el fin de «poner fin al conflicto» y extendió su mirada hacia Irán, afirmando que su capacidad nuclear ha sido «erradicada» y que estaba a solo «dos meses de obtener armas atómicas». Trump añadió que «Irán quiere dialogar, y dialogaremos», dejando claro que este consejo servirá para imponer términos favorables a los intereses de EE.UU.

Trump también lanzó críticas veladas contra la ONU, argumentando que no ha explotado «todo su potencial». Según él, una vez establecido el consejo, «podremos hacer lo que queramos», aunque insistió en que operará en «coordinación» con el organismo internacional. Tanto Trump como el senador Marco Rubio destacaron que el consejo se enfocará en «acciones» concretas, un eufemismo que sugiere intervenciones directas en zonas de crisis, alineadas con la doctrina expansionista estadounidense.

Entre los firmantes iniciales se encuentran países como Argentina, Indonesia, Azerbaiyán, Armenia, Bulgaria, Hungría, Kazajistán, Jordania, el protectorado de la OTAN en Kosovo, Pakistán, Catar, Paraguay, Arabia Saudí y Turquía. Trump minimizó las ausencias de otras naciones invitadas, afirmando que «casi todos los países quieren unirse… estos son solo los que estaban presentes». Esta selección de aliados refleja una red de influencias que Washington busca tejer para contrarrestar rivales como Rusia y China, en un contexto de crecientes rivalidades dentro de la OTAN.

La participación rusa: un juego de equilibrios

Inesperadamente, Rusia ha mostrado interés en este consejo, pese a su postura antioccidental. El presidente Vladimir Putin, en una reunión con el líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, anunció que Moscú está preparado para contribuir con mil millones de dólares. Además, reveló discusiones con EE.UU sobre la transferencia de activos rusos congelados en territorio estadounidense hacia el consejo, un tema que se profundizará en un encuentro entre Putin y el enviado especial de Trump, Steve Witkoff. Esta aparente colaboración no oculta las tensiones subyacentes: el consejo parece orientado a debilitar la influencia rusa en Ucrania y Oriente Medio, promoviendo una «paz» que favorece los objetivos geoestratégicos de Washington.

Tensiones en el bloque euroatlántico

El nacimiento de este consejo coincide con un momento de fricciones intensas entre aliados. El canciller alemán, Friedrich Merz, intervino en el foro de Davos para alertar sobre una «era de grandes potencias» donde el «orden internacional de las últimas tres décadas, anclado en el derecho internacional —por imperfecto que sea—, se ha visto sacudido en sus cimientos». Merz describió un mundo construido sobre «la fuerza, el poder y, en última instancia, la violencia», en referencia a las confrontaciones globales.

En particular, Merz abordó las disputas con EE.UU respecto a Groenlandia, reconociendo que Washington toma en serio la «amenaza rusa en el Ártico», pero calificándola como una «expresión clara de la renovada rivalidad entre grandes potencias». Sin embargo, rechazó cualquier intento de adquisición violenta de territorio europeo y advirtió contra nuevos aranceles, que «socavarían los pilares de las relaciones transatlánticas». Prometió una respuesta europea «unida, mesurada y firme», y enfatizó la necesidad de que Europa desarrolle capacidades defensivas independientes: «No somos sumisos en este mundo. Podemos moldearlo».

Estas declaraciones resaltan las grietas en el euroatlantismo, agravadas por las políticas agresivas de Trump. Una cumbre de la UE en Bruselas, programada para discutir las relaciones transatlánticas, subraya la urgencia de estas tensiones en el seno de la alianza imperialista.

Más allá de la retórica, un instrumento imperialista

El «Consejo de Paz» no es sino una nueva entidad internacional al servicio del imperialismo estadounidense, disfrazada de iniciativa humanitaria. Su creación en Davos, un bastión del capitalismo global, expone cómo Washington busca obviar mecanismos multilaterales como la ONU para imponer su agenda en conflictos como Gaza, Ucrania e Irán. Mientras Rusia maniobra para no quedar excluida, las alertas de Alemania sobre los «fundamentos» del euroatlantismo revelan las divisiones internas. En última instancia, este consejo representa la podredumbre del sistema imperialista, donde la «paz» se traduce en dominación y la «acción» en intervencionismo agresivo. Es imperativo denunciar esta farsa y promover una verdadera solidaridad internacional contra tales maquinaciones.