Acercándonos al abismo de la guerra

*Pascual Serrano, es periodista y escritor. Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”. / Nueva Revolución

No sé si somos conscientes, pero, con los conflictos de Gaza y Ucrania, el mundo se encuentra en el momento más bélico desde la Segunda Guerra Mundial. No es una afirmación mía, es el estudio anual sobre la paz global del Institute for Economics and Peace. Según su análisis, los conflictos en Gaza y Ucrania fueron los principales impulsores de la caída global en términos de paz, ya que las muertes en batalla alcanzaron las 162.000 en 2023, esta es la segunda cifra más alta en los últimos 30 años, y los conflictos en Ucrania y Gaza representaron casi las tres cuartas partes de las muertes. Actualmente hay 56 conflictos bélicos en el mundo, la mayor cantidad desde la Segunda Guerra Mundial. Además, 92 países están actualmente involucrados en conflictos más allá de sus fronteras, más que en otro momento desde la creación de lo que ellos llaman el Índice de Paz Global, que este año de paz tiene poco.

Más números. El impacto económico global de la violencia en 2023 fue de 17,5 billones de euros en 2023, el 13,5% del PIB mundial. Si hacemos la división nos sale a 2.187 euros por habitante. De hecho, la militarización registró su mayor aumento anual desde la creación de este índice, con 108 países cada vez más militarizados, precisamente han sido los miembros de la OTAN los que más se han adelantado en aumentar su gasto militar.

Pero más grave todavía es la aparente decisión occidental de seguir tocando los tambores de guerra. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, dijo el pasado 5 de junio que Alemania necesita fortalecer sus fuerzas armadas, la Bundeswehr, para que estén operativas antes de finales de la década. “Debemos estar preparados para la guerra en 2029”, dijo el ministro de Defensa durante una sesión de preguntas en la cámara baja del parlamento alemán, el Bundestag.

Ese mismo día, el canciller alemán Olaf Scholz prometió que su gobierno apoyaría la industria de defensa e instó a una cooperación más estrecha entre los productores de Europa.

“Hoy vemos más claramente que nunca lo importante que es tener una industria de defensa europea y alemana que pueda producir continuamente todos los tipos principales de armas y la munición necesaria”, dijo en la inauguración de la Exposición Aeroespacial Internacional en Berlín.

También este mismo mes de junio los ministros de Defensa de los países de la OTAN revisaron la propuesta para la primera actualización en más de diez años de sus planes de disuasión nuclear para “adaptarlos a la actual situación de seguridad”, según explicó su secretario general, Jens Stoltenberg. La revisión se formalizará en la cumbre del 75.º aniversario de la OTAN que tendrá lugar el 9 y 10 de julio en Washington. Se recordaron los acuerdos en vigor por los que Estados Unidos tiene armas nucleares en Europa y varios países ofrecen medios aéreos para, en caso de necesidad, transportarlas. Países Bajos anunció la semana pasada que sus nuevos aviones F-35 ya han obtenido la certificación necesaria para asumir las funciones de transportar armas nucleares, en sustitución de los F-16.

En Estados Unidos se ha hecho público recientemente un informe de una Comisión bipartidista del Congreso bajo el título America’s Strategic Posture (La Postura Estratégica de los Estados Unidos) en el que, a lo largo de unas 160 páginas, se revisa desde la «política de armas nucleares de los Estados Unidos hasta la estructura de las fuerzas militares y las amenazas a la estabilidad estratégica en todo el mundo, con el fin de preparar a los Estados Unidos».

Su conclusión es que “el panorama geopolítico ha sido fundamentalmente alterado por la creciente agresión de Rusia y China, y que Estados Unidos debe ajustar su propia postura estratégica para proteger sus intereses de seguridad y estabilidad en los próximos años”.

Plantear la existencia simultánea de Rusia y China como agresores y enemigos a batir es un escenario sin precedentes para la política estadounidense, que ni siquiera los estrategas más audaces como Henry Kissinger sugirieron.

El tono del documento, del que poco se ha hablado, es muy preocupante porque se fundamenta en que Estados Unidos debe ampliar su poder militar, en particular su “programa de modernización de armas nucleares”, a fin de prepararse para posibles guerras simultáneas con China y Rusia.

Para ello encontramos unas muy preocupantes recomendaciones específicas. Por ejemplo, que Estados Unidos despliegue más ojivas nucleares, más misiles de crucero intercontinentales, submarinos con misiles balísticos, armas nucleares no estratégicas (de corto alcance), etc.

La insistencia de implicar a China, un país que no ha disparado un solo tiro fuera de sus fronteras en 36 años, es constante en los mensajes estadounidenses. “Beijing es un actor en esta guerra. Ayuda a Rusia a mantener la guerra siendo una amenaza para Europa. Hemos dejado claro que tomaremos más medidas contra los actores chinos involucrados y estamos en consulta continua con nuestros colegas europeos”, publicaba en un tuit la embajada estadounidense en Bucarest.

El Boletín de Científicos Atómicos, fundado en 1947 en parte para ayudar al mundo a evitar la aniquilación nuclear, estableció el Reloj del Juicio Final para ayudar al público a comprender la gravedad de los riesgos a los que nos enfrentamos. Los expertos en seguridad nacional ajustan el reloj en función de lo lejos o cerca que estemos de la “medianoche”, es decir, de la extinción. Hoy, estos expertos han creído oportuno situar el reloj a sólo 90 segundos de la medianoche, lo más cerca que ha estado nunca en la era nuclear.

Y para los europeos que no lo vean venir o crean que no les afecta todavía, dos ejemplos, tanto Alemania como el Reino Unido ya han planteado la necesidad de volver a imponer el servicio militar obligatorio.

“En caso de emergencia, necesitamos mujeres y hombres jóvenes fuertes que puedan defender este país”, afirmó el ministro de Defensa alemán. Y añadió que, por ello, creía necesaria una “nueva forma de servicio militar”, que “no puede estar completamente libre de obligaciones”. Su ministerio ya se ha puesto a explorar modelos potenciales para el servicio militar obligatorio.

Alemania suspendió el servicio militar obligatorio en 2011. Aproximadamente la mitad de los ciudadanos alemanes están a favor de reintroducirlo, según una encuesta realizada en marzo por el instituto de investigación Forsa.

En el Reino Unido, el primer ministro, Rishi Sunak, anunció por sorpresa su compromiso de recuperar el servicio militar obligatorio para todos los jóvenes—mujeres y hombres— de 18 años. Bajo el nuevo Servicio Nacional Obligatorio (que el Reino Unido, como gran parte de los países europeos, abandonó a mediados de los sesenta del siglo pasado), los británicos que alcancen la edad adulta deberán trabajar durante 12 meses para las Fuerzas Armadas, o bien una semana al mes durante un año en servicios sociales para la comunidad, que pueden incluir también emergencias médicas. Sunak amenazó con sanciones a los jóvenes que se nieguen, como la retirada del carnet de conducir y cerrar su acceso a las cuentas bancarias.

Allí, una encuesta reciente de YouGov señala que solo el 10% de los jóvenes británicos comprendidos entre los 18 y los 24 años respaldan el Servicio Nacional Obligatorio, frente a un apoyo del 46% por parte de los mayores de 65 años, que son el núcleo del electorado conservador y los que más acuden a las urnas.

Solo me queda terminar con la parábola de la rana y la olla. Dice que si se echa una rana a una olla con agua hirviendo, ésta percibe la mortal temperatura, salta inmediatamente hacia afuera y consigue escapar de la olla sin quemarse. En cambio, si se encuentra dentro de la olla con la temperatura ambiente y la vamos calentando poco a poco, no percibe el peligro ni reacciona, termina perdiendo la conciencia y muere por el calor.