Gerardo Biana, el gran coreógrafo vasco-soviético injustamente olvidado.

*Amistad Hispano Sovietica (mistadhispanosovietica.blogspot.com)

Sus ochenta años de vida son un cúmulo de ricas vivencias de todo signo, con un denominador común: su obligado exilio durante la Guerra Civil. Nacido el seno de una familia humilde en la localidad vizcaína de Nocedal, en la anteiglesia de Ortuella en 1926. Gerardo Viana se mudó a los pocos meses a la localidad de Gallarta debido al trabajo en las minas de su padre, Crescencio Viana Salas. Posteriormente, la familia Viana-Foncea se estableció en el barrio de Pando, de Karrantza, en Las Encartaciones.

Su historia dio un vuelco cuando con casi once años formó parte de la tercera expedición de niños enviados al extranjero. “Salí de Carranza (Vizcaya) el 12 de Junio de 1937. Fui en la tercera expedición de vascos. La primera fue a Francia, la segunda a Inglaterra y la tercera, la nuestra, fue a la Unión Soviética. Fue la última, porque siete días después, entraron los nacionales en Bilbao. Bombardearon tanto el puerto de Santurtzi… Nos escondimos en un tonel cerca de Santurce; a la mañana temprano, llegamos al barco. Salieron dos expediciones: una iba para Francia y otra para la URSS, en “El Habana” junto con una expedición de 1495 niños, saliendo del puerto de Santurtzi y recalando en Burdeos, desde donde el barco mercante francés “Sontay”, y desde allí nos llevaron hasta Leningrado (San Petersburgo). Todos éramos del Norte. En Leningrado, nos dividieron ya. Había una ley por la cual podían acoger a los niños para siempre, adoptados. Nosotros como ya éramos mayorcitos, pues nada. A mí, me llevaron a la casa de niños nº 112 españoles en Óbninsk, localidad a cien kilómetros de Moscú.

Allí fue a la Escuela de Coreografía Estatal de la capital soviética, teniendo como profesor a Nikolai Tarasov. Hasta 1941 que comenzó la guerra, allí me eduqué y estudié ballet. Ya tenía la educación básica de aquí. A todos nos pusieron en grupos de estudio según el nivel. Al principio, todos los libros rusos los tradujeron al español. Poco a poco, como veíamos que no podíamos regresar, fuimos aprendiendo ruso. Me gustaba el piano, cantar, así que los educadores me llevaron a la escuela del Bolshoi”. “Al estallar la Gran Guerra Patria, fue evacuado de Moscú a Stalingrado (Volgogrado, en la actualidad) y de ahí a Léninsk”.

De la docencia a la danza

El joven Gerardo había abandonado el País Vasco, con el sustrato de las danzas populares de su tierra en la cabeza. Pero antes de poder dedicarse a la danza, pese a sus pinitos como artista en el frente, el maestro vasco tuvo que dedicarse a la docencia, lo que supuso su nombramiento como Maestro Emérito.“Yo ya bailaba aquí: la jota, el fandango…las danzas vascas las conocía todas. Nos llevaron a Ufa en Bashkiria. Allí, iba al teatro de ópera a tomar lecciones, aunque me metieron a estudiar para ser técnico de aviación”.

“Me escapé y fui a Moscú. Expliqué mi situación y lo comprendieron, enviándome a Kaluga, donde fuí nombrado educador y responsable de la casa de niños huérfanos ‘León Tolstoi’, el 1 de junio de 1943. En ese momento, a sugerencia de los educadores y de la directora del orfanato, Elena Konstantinova, adopta el nombre de Vladimir Vasilievich Viana, siendo su pseudónimo ‘Vladimiro’ tanto en la Sociedad de Autores de España como en su corta estancia en Bilbao, en 1957-1958”.

“Allí fue donde comencé a trabajar como artista para el frente. Participé en los conciertos para soldados en la primera línea, y para los heridos en los hospitales, en calidad de bailarín solista, -categoría adquirida el 1 de octubre de 1944- del Teatro Musical de Tula, contando con Tamara Antónova como pareja. Participé como solista en las obras “La boda en Malinovka”, “Sylvia”, “El último mohicano”, “La moza de Barcelona” y “La Bayadère”. Sin embargo, en un viaje al frente del Báltico, fuí herido de metralla en ambas piernas, ¡… ay la vida, aquí terminé mi carrera como bailarín!”.

Maestro Emérito de Bielorrusia, bailarín solista del Teatro Musical de Tula y coreógrafo en la antigua URSS, Gerardo Viana fue profesor de niños huérfanos, maestro de ballet y especialmente coreógrafo.

“En julio de 1948, volví a la casa Vudovlia como  Responsable de Estudios, y entonces allí conocí a una joven maestra, Eugenia Romanova, con quien me inscribí como pareja el 7 de noviembre de 1950. También en Grodno nació mi hija Alla, el 25 de Julio de 1951″.

“Después, decidimos establecernos en España, y tras múltiples gestiones embarcamos, en Odessa, en el barco “Crimea”, esto fue en 1957. Volví a mi pueblo y estuve junto a mi madre (Crescencia Foncea). Me dijo la dura vida que pasó, tras el fusilamiento de mi padre en Burgos, el 4 de diciembre de 1939, por haber defendido la causa republicana”.

“Meses buscando acomodo de trabajo en Bilbao, y tras algunas dificultades, y solicitudes a varias vacantes, como no tenían alternativas me nombraron Director de coreografía de la sección de ballet, en el Departamento de Cultura y Arte de la obra sindical “Educación y Descanso”. Como ayudante pronto se sumó Vicenta Sacristán, que también era una niña de la guerra exiliada en la URSS, cuyo nombre artístico era Ludmila Arana. A instancias de Juan Elua, de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) fundé una academia de ballet, para formar un cuerpo de baile que cubriera las necesidades de la Asociación en sus montajes operísticos. El Ballet de la ABAO (1957-1958) montó las coreografías de las óperas “Don Pasquale”, “Los pescadores de perlas”, “Un baile de máscaras”, “Hernani” y “Lucía de Lammermoor”. En sus filas, había más de veinte jóvenes, entre ellos Igor Yebra (1957-1958)”.

“Pero a mi alrededor sentía una apatía por desarrollar nuevas ideas. Estaba al borde del estancamiento. Con todo dolor volví a la URSS, retornando a Grodno en septiembre de 1958. Terminé con altas notas los estudios dejados en la Escuela de Pedagogía de Música. Seguí trabajando en la Sección de Danza de la Escuela de Arte y Oficios de Grodno. El 28 de octubre de 1960, nace mi segundo hijo Sergio, actualmente, profesor de danza clásica, paso a dos y danza moderna, en el Conservatorio Municipal de Danza ‘José Uruñuela’ de Vitoria-Gasteiz.

Pasé a cursar los estudios superiores en la Universidad de Cultura Krúpskaya de Leningrado (1963-1964), y tras mi finalización de estudios, el director de la Escuela Académica Estatal de Ballet Vagánova, A. Shelkóv, me impulsó en la creación de un nuevo ballet con temas españoles. Así nació mi espectáculo “Las fiestas de Zaragoza” (1963)”.

Me licencié en dirección de coros (1967). Era la primera promoción y fui el único en el Teatro Kirov monté mis `Miniaturas españolas´ (1967). También terminé los estudios como profesor y coreógrafo de ballet, especialidad de enseñanza superior (1968). En esa época, conocí a la excelente bailarina Natalia Dudinskaya, creando para ella el ballet de la “Jota aragonesa” (1968)”.

“Miniaturas españolas”.

Su estreno tuvo una grandísimo éxito en el Teatro Kirov, el 23 de marzo de 1967. La obra se componía de siete cuadros escénicos:

“Taberna en Andalucía”, “Cita nocturna”, “Flamenco en la acampada gitana”, “El País Vasco” “Ezpatadantza” y “San Miguel de Arretxinaga” (este papel más tarde en 1968, fue interpretado por el famosísimo bailarín Mijaíl Baríshnikov,), “Aragón”, “Mallorca” y “La boda en Sevilla”.

“En Grozno recibí el título honorífico de Maestro Emérito de Bielorrusia, el 31 de octubre de 1967”. Recibí entonces una carta, pidiéndome que me hiciera cargo de la Escuela Nacional de Coreografía, de la República Socialista Soviética de Letonia. Era una gran oportunidad. Me mudé a Riga, capital de la Letonia Socialista, en 1968, como Profesor Principal de la Escuela de Coreografía, creando el ballet “El oro de los incas” (1968).

Era feliz. Múltiples encargos durante nueve años, yendo desde Riga a diversas repúblicas de la URSS, llevando mi montaje “Miniaturas españolas”. por toda la URSS. Estando en Turkmenistán, el 2 de mayo de 1977, tuve el accidente de coche que me fracturó la columna vertebral y me llevó a estar el resto de vida en silla de ruedas”.

“Esta atadura a la silla de ruedas, no detuvo mis sueños, sino que me impulsó a una nueva docencia. En Riga atendí la formación de nuevos grupos de ballet, tanto aficionados como profesionales.”

“Seguía las noticias que llegaban en aquellos convulsos años de mi antigua patria. Por mi militancia comunista, comprendí que una férrea dictadura de clase burguesa se había instalado en todas las instituciones. También en Euskadi”.

Creación de su último ballet: Gernika.

Después de un año, desde su estado, prepara una antigua idea. Un ballet que reflejara el horror del bombardeo de Gernika y la fortaleza de la resistencia del pueblo vasco frente al fascismo. Ayudado por su hijo Sergio lo desarrolla para el Teatro Nacional de la Ópera de Riga (Letonia), donde tuvo lugar el estreno el 22 de Agosto de 1990.

La obra esta dividida en tres partes: Ave María, Dolor y Vivir. En escena incluía personajes mitológicos vascos, como el patriarca Aitor, la reina de los genios Andra Mari, su hijo Mikelas, su esposa la bruja Sorgin, entre otros.

Gerardo Biana confiaba que el gobierno autónomo vasco le pidiera su apoyo institucional para montarlo. Hubo un vacío que le afectó severamente. “En ese tiempo, yo pensaba hacer una película de televisión, porque había muchas cosas en común entre Riga y el País Vasco. Pensé en hacer cuadros documentales, con el bombardeo de Gernika, después, bailes con la gente y, todo lo demás lo hice con el baile clásico. En 1989, hicimos el ballet Gernika para televisión, se representó en una iglesia, y se emitió en la televisión de Riga. Después en el 90 se estrenó en un teatro, Sergio era el ensayador (repetidor). Yo sé que del espectáculo nuestro sacaban el cuadro de las sorginak (brujas)”.

“Todo lo que hago, lo realizo creativamente y de corazón, porque todos los artistas son diferentes y esto es lo subyugante. Pero en lo que yo he dado más corazón es cuando hice “Gernika”, porque lo plasmé estando discapacitado. Se pueden figurar lo que sufrí cuando, en una habitación de la casa de campo, venían los artistas y yo montaba. Sergio era el ayudante, el que me hacía todo. Se pueden figurar mi corazón, que antes yo mismo lo ejecutaba, cada paso… Tenía que decirle a Sergio un battement así o tal así. Y yo veía que no lo podían hacer y sufría por eso, porque la danza española para el extranjero es muy difícil, y, sobre todo, la danza vasca”, comenta con una mezcla de nostalgia y añoranza, Gerardo Biana.

Profesor de ballet

Desde su magisterio, el vizcaíno cree saber cuáles son las claves de la escuela rusa de danza.

“Creo que lo principal es que al pueblo le gusta la danza clásica. En cada república de Rusia, hay escuelas de danza profesionales. Cuando terminan de estudiar, no piensan que no van a tener trabajo. Si no es solista, puede formar parte del cuerpo de baile y sino se va a otra ciudad, porque las mejores escuelas de Rusia son las San Petersburgo, Moscú y Perm. También la de Riga es muy buena, puede ser que ahora es una de las mejores. La principal escuela clásica es la de San Petersburgo, que es diferente que la de Moscú. Es una escuela que ha conservado el clásico antiguo y lo moderno nuevo. De ahí, han salido Nureyev, Balanchine, Makarova, Nureyev, Godunov, que extendieron esta escuela por el mundo. Las escuelas del extranjero, la mayoría proceden de Balanchine, pero Balanchine es la escuela de San Petersburgo. Por eso, Baríshnikov se fue allá donde él. Es una escuela perfecta, porque yo no estoy conforme con que, en el extranjero, se da más importancia al baile contemporáneo que al ballet clásico. Si el baile contemporáneo no pasa por el ballet clásico, es una porquería, si, el fundamento es el baile clásico. Los países tendrían que dar más relieve al baile clásico. Por ejemplo, Londres y Paris dan más importancia al baile clásico. En Rusia, ahora empiezan otra vez, el Teatro Kirov, el Teatro Bolshoi, porque el fundamento de la danza clásica lo tienen, por eso, cada ejecutante que baila es una estrella”.

De su vuelta al Reino de España, tras la caída de la URSS, se enfrentó a la situación de la danza. Su desilusión, por el generalizado abandono de las danzas tradicionales.

“Cuando llegué a España, me gustó mucho un programa de televisión que emitía las jotas de España, porque la jota aragonesa es la principal, y de ella salen todas las demás jotas. Después de eso, yo no he visto ni un solo programa. Solo flamenco y flamenco, pero si no es danza española, es danza gitana. No es del pueblo, como la jota aragonesa. ¿Saben cómo acogen la jota en Rusia? De maravilla, porque es una danza que hace falta bailarla. El flamenco, zapateado aquí, zapateado allá, con el vestido para aquí, con el vestido para allá, pero si la mitad de los pasos de la danza clásica son vascos: Rond de jambe, zortziko, grand battemant, piqué, tijeras, todo son danzas vascas. Una vez, a Sergio –su hijo- le di en escrito cómo se bailaban las sevillanas antiguas y bailó delante de Antonio Gades, y él me llamó de España, diciéndome qué bien baila tu hijo sevillanas. De la danza española, conozco a Pilar (López), María Rosa, Antonio El Bailarín, Antonio Gades…”.

Miniaturas Españolas, un éxito sin precedentes en toda la URSS

Gerardo Viana entró en la historia de la danza por esta obra

Gerardo Viana, con su libro '¡De Carranza a Siberia y más allá…!

El Teatro de la Ópera y Ballet Kirov de Leningrado acogió en 1967 el estreno del montaje Miniaturas españolas, cuya coreografía nació en la cabeza de Gerardo Viana, ‘Vladimiro’ (Ortuella, 1926). Compuesto por siete cuadros que representan danzas tradicionales de su País Vasco natal y de otras regiones españolas como Andalucía, Aragón y Mallorca, la obra tuvo un éxito sin precedentes. “La idea me surgió, porque Antonio ‘el Bailarín’ vino a Finlandia, con su grupo español. Entonces, estaba allí el grupo de Kirov. Al verle, me preguntaron si podía montar algo como el ballet de Antonio. Yo ya conocía a Antonio del año 58 que estuve en España, porque bailó donde Pilar [López], y yo había estado un mes estudiando danza española en Madrid, así que me llevé mucho material de aquí. Yo me asusté. Un niño de Carranza (Vizcaya) en el Teatro Kirov, el lugar en el que todos los coreógrafos del mundo sueñan con montar. Todos los bailarines clásicos querían bailar danza española. El cuadro de fandangos lo hice en punta. Por eso, la obra mezcla danzas del folclore y clásico”, recuerda Viana, desvelando cuál fue el origen de su obra más laureada.

“En aquel tiempo- prosigue el maestro Gerardo Viana-, España se identificaba con flamenco, porque veían de gira a algunos artistas flamencos españoles. Puse también el flamenco, pero, en realidad, quería enseñarles qué era el País Vasco, qué era Aragón, qué eran las Islas Baleares, qué era Andalucía, porque Andalucía, además de flamenco, tiene baile andaluz, que es el baile español. Todo eso lo metí en 7 cuadros. Cada cuadro tiene su contenido y sus artistas. El acto del País Vasco incluía la Ezpatadantza y San Miguel de Arretxinaga (Markina). Mis ballets suelen incluir un cuadro vasco. Una vez, en una actuación en el Kremlin de Moscú, el director propuso suprimirlo. Yo me negué, y, en la representación, con 6000 personas, fue el más aplaudido”.

¡Bravo Gerardo!, en la noche del estreno

La noche del estreno, el coreógrafo vizcaíno pasó muchos nervios y temió lo peor, a la vista de la reacción del público de Leningrado ante el anterior ballet representado.“Yo estaba en el escenario del Teatro Kirov y tenía una bola en la garganta. Estrené un traje tan bonito y todo mojado de sudor. Aquello era tremendo, porque montaron un acto de ballet con otra obra que los de Leningrado (San Petersburgo) ya conocían, de un coreógrafo muy famoso, Jokavson. Como lo habían representado tantas veces, la gente ni aplaudía. Yo me quedé asustado. Pensé que si no le aplaudían a Jokavson, qué iba a pasar con mi obra. Cuando empezaron las ‘Miniaturas’, todos gritaban: ¡Bravo Gerardo! No sé cuántas veces salieron los artistas al escenario. Al final, trajeron tantas cestas de flores de rosas blancas al escenario que no es posible imaginarse qué era aquello. Estuvo mi mujer en el teatro, la pobre, sufriendo todo. Los periódicos de Leningrado (San Petersburgo), el Pravda, y no sé qué más…no sólo eso, sino que al escenario vinieron del centro español de Moscú, para darme las gracias. También, vinieron las Brigadas Internacionales que lucharon en España contra Franco. Y después de eso, empezaron todos los teatros de la URSS”.

La gira por los teatros de la URSS

Desde su estreno en 1967, Miniaturas españolas obtuvo el apoyo del público. Por ello, el creador vasco recibió invitaciones de muchos teatros de la extinta URSS. En 1972, el Teatro Estatal de la Ópera y Ballet de Perm, en los Urales, fue el segundo lugar en mostrar esta obra coreográfica. Luego vinieron Sverdlovsk (Ekaterimburgo, 1973), Novosibirsk (Siberia, 1974), Gorki (Nizniy Novgorod, 1974), Cheliabinsk (1975), Bashkiria (Ufá, 1975), en Járkov (Ucrania, 1976) Uzbekistán (1976), donde también cosechó noches de gloria. “Había 15 repúblicas en la Unión Soviética. Algunas que tienen más de un teatro, porque Leningrado (San Petersburgo) tiene Teatro de Ópera y otro pequeño; Moscú, también tiene dos teatros. `Miniaturas´ la coreografié en 1967 y la monté en otros sitios, a partir de 1968. Fueron once años de ‘Miniaturas’. El segundo lugar donde se representó ‘Miniaturas’ fue el teatro de Perm. Creo que ‘Miniaturas’ ha estado en el repertorio durante 30 años, porque han cambiado el vestuario varias veces; además, la escuela de ahí es una de las mejores. Después, me invitó Sverdlovsk, en 1973. Luego lo monté en Novosibirsk, Gorki, Cheliabinsk, Bashkiria, en Jarkov, Uzbekistán, Mongolia…. El Teatro Kirov de Leningrado es un teatro con unos solistas, que cada uno de ellos es una estrella, entonces, tienes que pensar mucho cómo montarlo. Después, vas a Perm y son grupos diferentes, aunque proceden de Leningrado. Allí tuve que cambiar algunos cuadros, porque veía que los artistas no podían hacer algunas cosas. Además, las orquestas no hacían lo que yo quería como la Orquesta Sinfónica de Moscú. En aquellas orquestas, los directores me pedían que yo tocase las castañuelas.”

En 1994, Gerardo Viana Foncea, ‘Vladimiro’, recibió la Medalla de las Bellas Artes, en la categoría de plata, por ayudar a difundir la cultura española en la antigua URSS. Este nombramiento lleva aparejado el título de Ilustrísimo Señor. Lejos de tanta parafernalia, él habla de manera entrañable de su vida, una azarosa colección de aventuras y desventuras, marcadas por su obligado exilio durante la Guerra Civil. En 1986, se publicó en la Unión Soviética la primera enciclopedia de ballet clásico. El maestro Viana aparecía citado en unas cuarenta ocasiones. Sin duda, escrita en letras de oro, su paternidad de Miniaturas Españolas le ha reportado las mayores alegrías de su carrera como coreógrafo.

No ha sido la única distinción concedida al coreógrafo vasco. Debido a su labor como profesor, fue nombrado Maestro Emérito de Rusia. “Allí había costumbre de darnos papeles, diplomas. Tengo la medalla de Mongolia, tengo otras medallas del ejército. Por los 17 años que trabajé en Grozno como profesor, fui condecorado como Maestro Emérito de Rusia. Me condecoraron con la Medalla de las Bellas Artes, no es por lo que hice aquí sino por la propaganda de la danza española”.

Gerardo Viana, es uno de nuestros más ilustres olvidados. Desarrolló como nadie las danzas españolas en el exilio. Así es venerado con devoción y admiración por todos los artistas rusos.

Falleció en el año 2013 en Vitoria, la capital de esa Euskadi, que siempre añoró, y representó en todos sus ballets. Unos años antes publicó, en colaboración con el Ayuntamiento del Valle de Carranza, el libro “¡De Carranza a Siberia y más allá…!” (Junio 2007).

Enlaces originales:
https://www.danza.es/multimedia/revista/entrevista-a-gerardo-viana
http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/es/gerardo-viana-foncea/ar-154792/
https://www.culture.ru/movies/1951/ispanskie-miniatyury