Sin votos pero con cotos: la ultraderecha en Ucrania, 2014-2020

“Ucrania es el único país de Europa donde la ultraderecha es muy débil en términos electorales pero extremadamente influyente en términos políticos”

*Rainer Matos Franco / Revista Común

Lo que actualmente se conoce como “Ucrania” reúne territorios muy diversos —en términos políticos, económicos, sociales, culturales, religiosos y lingüísticos— que conformaron una sola entidad política hasta 1954, cuando Nikita Jrushov cedió la República Autónoma de Crimea, de mayoría étnica rusa, a la República Soviética Socialista de Ucrania. Incluso en los últimos años hemos visto reajustess territoriales aún en aquel país, como la anexión de la propia Crimea a Rusia en marzo de 2014. La última región que fue incorporada a Ucrania antes de 1954 fue lo que se conoce a grandes rasgos como Galicia en 1939, con la invasión soviética de Polonia por el este para “proteger” allí a las minorías rutenas del avance alemán desde el oeste.

Contrario a la Ucrania soviética entre 1917 y 1939, donde el contenido nacional se impulsó desde arriba con la política de nacionalidades o Korenizatsiya —promover la cultura y lengua ucranianas para frenar al nacionalismo— (Martin, 2001), las minorías políticas ucranianas en la Polonia de entreguerras, que eran mayoría en provincias como Volinia, se radicalizaron al paso de los años. Más allá del intento, caótico y complicado, de establecer una Ucrania independiente durante la Guerra Civil rusa (1917-1921), el movimiento nacionalista ucraniano radical nace en Polonia años más tarde y se decanta muy pronto por el radicalismo. Desde 1929 se fundó la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) en Viena, un típico movimiento fascista que buscaba liberarse del yugo polaco y, en segunda instancia, conseguir la vinculación con la nación ucraniana ampliada en la Ucrania soviética.

En ese sentido era perfectamente normal en la mente de los fascistas ucranianos activos en Polonia, y de su líder, Stepán Bandera (1909-1959), aliarse con la Alemania nazi contra Varsovia y la ocupación soviética de Galicia en 1939. Al inicio, Hitler toleró la presencia de contingentes ucranianos en batallones alemanes de la Wehrmacht, como el Nachtigall o el Roland, por esta causa común. Sin embargo, en cuanto Bandera declaró un Estado ucraniano independiente en junio de 1941, la Gestapo lo arrestó. Sus seguidores, entre ellos Román Shujévych, crearon el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) en 1942, tristemente célebre por masacrar a casi 100 mil polacos junto con miles de judíos en Volinia en 1943-1945 (Piotrowski, 1998). Es necesario comenzar por esta historia, porque la ultraderecha ucraniana es hoy la primera en identificarse con la OUN y el UPA.

Ucrania es el único país de Europa donde la ultraderecha es muy débil en términos electorales pero extremadamente influyente en términos políticos. No cabe en estas páginas una explicación —por demás necesaria— sobre las particularidades de la política y la sociedad ucranianas. Acerca de eso he escrito en otro lado. Por ahora valga recurrir a la útil caracterización de Richard Sakwa sobre las dos grandes visiones políticas en Ucrania: monista y pluralista. La visión monista, en resonancia con el atlantismo europeo, vincula la politización de la nación ucraniana con una tendencia “natural” hacia Europa. Por definición, desde 1991 el nacionalismo ucraniano ve en Rusia a su gran enemigo y en “Europa” no sólo a una aliada, sino que se ubica como parte de la familia europea en contraposición a la “barbarie” rusa. Este discurso tiene su origen en la idea del antemurale, es decir el último bastión de una comunidad más amplia —la Cristiandad, la “civilización”, “Europa”—, colindante con el “Otro” y que debe ser asistida por la comunidad para hacer frente al enemigo porque se encuentra en la primera línea de fuego. La visión pluralista, en cambio, advierte en Ucrania una sociedad pluricultural como legado histórico de sendos reajustes territoriales y defiende la diversidad étnica del país. Desde luego, este pluralismo es particularmente fuerte entre la población rusófona del sureste del país, la región más rica, industrializada y urbanizada. El nacionalismo, en cambio, predomina en la Ucrania central y occidental, donde se habla ucraniano y predomina la economía primaria. (Sakwa, 2015)

La concepción monista de Ucrania se impregnó desde 1991 en su nueva estructura independiente: el país está fuertemente centralizado —los gobernadores son designados por el Presidente—, tiene un parlamento unicameral y, pese al dominio administrativo y cotidiano de la lengua rusa, el ucraniano es la única lengua oficial. De esa forma el pluralismo quedó confinado desde un inicio a la acción política local, pese a que las distintas administraciones desde 1991 hasta 2014 fueron más o menos moderadas y buscaron equilibrar ambas visiones. Desde 2006 hasta 2013 el dominio del principal partido pluralista, Partido de las Regiones, reconfiguró el escenario político. En 2012 logró pasar en la Rada (parlamento) una Ley de Idiomas que oficializaba cualquier lengua local hablada por más del 10% de los habitantes de una región. No obstante, la crisis de 2008, la inestabilidad política y el ascenso del Partido de Regiones fortalecieron a los extremos políticos. Si en la elección legislativa de 2007 éstos prácticamente no figuraban en el resultado, la elección de 2012 los revitalizó. La ultraderecha monista, representada por el partido Svoboda (“Libertad”), con presencia en el oeste nacionalista, obtuvo más de 10% del voto. El Partido Comunista, en tanto, obtuvo más de 13% en el sureste.

Svoboda es la versión “civilizada” del Partido Social-Nacional de Ucrania (SNPU), fundado en 1991 en Lviv por asociaciones estudiantiles nacionalistas y veteranos de la intervención soviética en Afganistán. Según Andreas Umland y Anton Shekhovtsov (2013), el adjetivo “Social-nacional” es referencia directa al partido de Hitler. El símbolo del SNPU es una versión del Wolfsangel, utilizada por varias divisiones de las SS nazis. Cabe recalcar que el SNPU fue un partido marginal sin arrastre electoral entre 1991 y 2004, aunque uno de sus líderes, Oleh Tiahnybok, logró una diputación nacional por Lviv en 1998. Del SNPU surgieron en paralelo dos formas distintas de hacer política en el campo de la ultraderecha ucraniana que poco a poco se impregnaron desde lo local hasta dominar debates nacionales. A partir de la refundación del SNPU como Svoboda en 2004 Tiahnybok moderó ciertas posiciones para dar mayor proyección al partido más allá de Galicia y fue labrando un camino de diálogo político, alianzas electorales más amplias y un nacionalismo (poco más) rebajado. Svoboda tuvo un ascenso exponencial desde que obtuvo un tercio del voto en Ternópil en 2009 y alcanzó su cenit en la mencionada elección parlamentaria de 2012 con más de 10% del voto. Su moderación, sin embargo, no eximió a Tiahnybok de comentarios antisemitas o antirrusos ácidos en esos años; uno de sus asesores, Iurii Myjailyshyn, fundó en 2005 un “centro de investigación” en Internet con el nombre de Joseph Goebbels. (Olszański, 2011, p. 2)

Con este reacomodo en Svoboda la vieja rama paramilitar del SNPU, “Patriota de Ucrania” (Patriot Ukrainy), encabezada por Andrii Parubii, abandonó el partido y configuró una segunda forma de hacer política. La autobiografía de Parubii, Visión desde la derecha (Parubii, 1999), lo muestra en uniforme paramilitar en la portada en un desfile de Patriot Ukrainy, que se originó en una asociación estudiantil de Lviv conocida como Spadshchyna (“Herencia”). Durante la Revolución Naranja de 2004 en contra de una elección fraudulenta que perjudicó al campo nacionalista, Parubii contribuyó a la victoria del modelo monista más amplio con lo que mejor sabe hacer: política de calle, tomar edificios y organizar “batallones”, de los que se hace llamar “comandante”.

En ese ascenso por ambas vías la ultraderecha llegó a la revuelta del Maidán a fines de 2013. Como ocurrió en la Revolución Naranja diez años antes, pero ahora con más recursos y adeptos, su presencia fue notable en las protestas en Kiev, como dejaron ver los retratos enormes del líder fascista de la OUN, Stepán Bandera. Por un lado, Tiahnybok y Svoboda fueron un partido crucial como parte del bloque opositor que capitalizó la protesta masiva. Tiahnybok apareció frecuentemente junto a Vitali Klichkó y Arseni Yatseniuk, líderes de los principales partidos de oposición (centro-derecha), en los templetes del Maidán. Los tres líderes se entrevistaron con el presidente Yanukóvych, quien aprobó sus demandas el 21 de febrero de 2014 para poner un alto a los desórdenes. Por otro lado, Parubii volvió a “comandar” a muchos grupos de choque que radicalizaron el Maidán y tomaron edificios de gobierno. Parubii admitió que varios de sus viejos contactos de Spadshchyna habían venido desde Lviv para apoyar a sus “autodefensas”, y que para febrero de 2014 ya comandaba a 12 mil “centuriones”. No pocos analistas incluso sugieren que los disparos de francotiradores que mataron a varios civiles y miembros de las fuerzas especiales Berkut durante la protesta, y que cambiaron su rumbo hacia uno más radical desde el 20 de febrero, vinieron de edificios que Parubii controlaba en el centro de Kiev (ver un buen resumen en Hahn, 2018, pp. 201-204).

Como sea, la renuncia de Yanukóvych días después dejó al descubierto la participación de la ultraderecha en estos eventos, pues se le otorgaron puestos en el nuevo gobierno interino, presidido por Oleksandr Turchynov. La nueva coalición gobernante incorporó a Svoboda y le otorgó tres ministerios y tres gubernaturas, sin duda el mejor momento político del partido en su historia, seguido de un rápido declive como opción electoral. En la contienda parlamentaria de octubre de 2014 Svoboda volvió a la insignificancia con menos del 5% del voto, sin obtener siquiera representación en la Rada. En realidad no hacía falta: varios partidos de centro-derecha y derecha a secas incorporaron a varios líderes de batallones paramilitares en sus filas, así como una retórica típica del nacionalismo militante galiciano. Esto ocurrió tan sólo de forma más notoria con el partido Frente Nacional, encabezado por el primer ministro Yatseniuk y que incorporó a Parubii a sus filas. El Partido Radical —no realmente una ultraderecha— incluso llevó a la Rada a Iurii Shujévych, hijo del perpetrador de la masacre polaca en Volinia en 1943. Por su parte, no sorprende que Parubii haya sido nombrado al frente del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa (SNBO) de Ucrania el 27 de febrero. Dmytró Yárosh, líder de la organización nacionalista radical Právy Séktor (“Sector Derecho/Sector de Derecha”), conformada durante el Maidán por fanáticos de fútbol de Ucrania central, quedó brevemente como segundo al mando antes de acudir a hacer la guerra en el este. Así, con el declive electoral de Svoboda y el ascenso institucional de la antigua ala paramilitar del SNPU en marzo de 2014 es evidente que la ultraderecha ucraniana comienza a ganar cotos en vez de votos.

Durante el gobierno interino de Turchynov (febrero-junio de 2014) la ultraderecha ucraniana consiguió politizar el debate nacional acerca del rumbo que debía tomar el país tras la revuelta del Maidán. Con Svoboda en la coalición gobernante y con Parubii y muchos de sus aliados en instituciones del gobierno y del ejército de Ucrania, la ultraderecha logró concretar políticas específicas y encauzar a un gobierno de líderes hasta entonces moderados hacia el nacionalismo militante y la visión monista más radical del país. El primer triunfo, a unas horas de la renuncia de Yanukóvych, fue derogar la Ley de Idiomas que el Partido de Regiones había adoptado en 2012: de la noche a la mañana las lenguas minoritarias (ruso, húngaro, rumano, tártaro, polaco, eslovaco) perdieron carácter oficial en el terreno local. Posiciones que hasta entonces eran improbables en la derecha moderada se volvieron costumbre, por ejemplo, acercar a Ucrania ya no solamente a la Unión Europea, sino a la OTAN. La anexión rusa de Crimea en marzo de 2014 —que debe entenderse como reacción a este último punto— (Matos, 2017, p. 293) acendró todavía más el discurso nacionalista y legitimó la presencia de la ultraderecha en la coalición gobernante.

De ese modo, cuando en abril de 2014 unas 100 personas (literalmente) tomaron el edificio de gobierno en la rusófona Donetsk —centro del pluralismo ucraniano— en protesta por la derogación de la Ley de Idiomas y de la deriva nacionalista en Kiev, la respuesta del gobierno de Turchynov fue tildarlos de “terroristas” y enviar ¡al ejército! a desalojarlos. Evidentemente esta acción, además de deshumanizar y criminalizar las demandas pluralistas de apenas unos cuantos manifestantes con escaso apoyo local, sólo provocó más violencia y un ascenso del separatismo en la región. Ante el relativo apoyo de Rusia a los separatistas, sumado a la debilidad del ejército ucraniano, la ultraderecha halló la fórmula para recuperar el territorio por la fuerza en vez de por el diálogo: Turchynov tuvo que ceder ante la creación de un sinnúmero de batallones paramilitares que acudieron a Donetsk y Luhansk a hacer la guerra a los locales. La mayoría de estos batallones tienen una ideología nacionalista. Entre ellos el más controvertido es el Batallón Azov, conformado por ex combatientes de Patriot Ukrainy y ultras de fútbol, y que también usa el Wolfsangel nazi en su emblema. En 2015 fue incorporado como un regimiento oficial al ejército ucraniano.

La ultraderecha del oeste ucraniano ve en las poblaciones rusófonas del este un elemento inferior, a meros sirvientes de los “moskaly”, término peyorativo para referirse a rusos y rusófonos, a quienes va dirigida la consigna “apuñalar a los moskaly” (Sakwa, 2015, p. 98). El 2 de mayo de 2014 en Odesa, otro baluarte del pluralismo ucraniano, varios militantes de Právy Séktor quemaron vivos a al menos 48 manifestantes anti-Maidán en la Casa de Sindicatos. Según Sakwa, Parubii —ahora encargado de la seguridad nacional— estuvo involucrado directa y físicamente. El sitio web de Právy Séktor describió la masacre como “otro día brillante en nuestra historia nacional”, mientras que la diputada de Svoboda Iryna Farión exclamó “¡Bravo, Odesa! Que los diablos ardan en el infierno”. En vez de distanciarse de estas acciones, personajes como el entonces primer ministro Yatseniuk acusaron a Moscú de “provocar”, lo que revela la adopción de esta retórica en actores no nacionalistas y la creciente inacción del oficialismo ucraniano hacia este tipo de actos, ya no de la mera retórica —que el propio gobierno ha adquirido—. Los reportes oficiales sobre la masacre de Odesa permanecen inaccesibles (Sakwa, loc. cit.).

Todos estos grupos, y en especial Právy Séktor, gozan de la protección del ministro del Interior desde 2014, Arsén Avákov, quien gracias a estas conexiones ha sobrevivido cuatro gobiernos distintos. Ni siquiera el presidente Zelenski, con su enorme legitimidad electoral, pudo cesarlo de su puesto. Avákov puso a Vadym Troián, miembro del Batallón Azov y Patriot Ukrainy, al frente de la jefatura de la policía en Kiev. El siempre astuto Parubii, después de ubicar a sus “centuriones” en el aparato de seguridad y de presionar al presidente Poroshenko para tener una actitud más firme en la guerra del Donbás, escaló de forma meteórica a presidente del parlamento (2016-2019). Las constantes advertencias periodísticas a representantes extranjeros cada vez que se entrevistaban con el “neonazi” Parubii cayeron en oídos sordos.

Los líderes de la OUN y del UPA hoy son glorificados en Ucrania sin represalias (y con el visto bueno) del gobierno. En el oeste se enseña a niños en campamentos a adorar a estas figuras, según denuncia Eduard Dolinsky, director del Comité Judío de Ucrania. Los libros de texto ya trazan la pureza de la nación ucraniana desde hace milenios. Sin exagerar, la ultraderecha en Ucrania está desatada desde el Maidán. Si todo esto ocurriera en casi cualquier país de Europa, el escándalo sería estridente. En Ucrania no. Como en otros lados, siempre habrá forma de hallar culpables mediante subterfugios. A Rusia, por ejemplo.

Referencias

Hahn, Gordon M., Ukraine over the Edge. Russia, the West, and the “New Cold War”, Jefferson, McFarland, 2018, pp. 201-204.

Martin, Terry, The Affirmative Action Empire. Nations and Nationalism in the Soviet Union, 1923-1939, Ithaca, Cornell University Press, 2001.

Matos Franco, Rainer, Historia mínima de Rusia, México, El Colegio de México, 2017.

Olszański, Tadeusz A., “Svoboda party – the new phenomenon on the Ukrainian right-wing scene”, OSW Commentary, Center for Eastern Studies, núm. 56, 2011.

Parubii, Andrii, Pohliad sprava, Lviv, Orientyry, 1999.

Piotrowski, Tadeusz, Poland’s Holocaust. Ethnic Strife, Collaboration with Occupying Forces and Genocide in the Second Republic, 1918-1947, Jefferson, McFarland, 1998.

Sakwa, Richard, “Conclusion: Monism vs. Pluralism”, en Agnieszka Pikulicka-Wilczewska y Richard Sakwa (eds.), Ukraine and Russia. People, Politics, Propaganda and Perspectives, Bristol, E-International Relation, 2015, pp. 260-270.

Umland, Andreas y Anton Shekhovtsov, “Ultraright Party Politics in Post-Soviet Ukraine and the Puzzle of the Electoral Marginalism of Ukrainian Ultranationalists in 1994-2009”, Russian Politics and Law, 51, núm. 5, 2013, pp. 40-41.