¿Dónde acaban las armas y el dinero que Occidente envía a Ucrania?

*Jorge Cachinero / El Economista

Antes del comienzo del conflicto militar en Ucrania, este país era considerado el más corrupto o uno de los tres más corruptos de Europa, dependiendo de las fuentes. En este contexto de gobernanza de pobre calidad, el acceso a las armas estaba extendido en la sociedad ucraniana desde fechas previas al estallido del enfrentamiento militar actual. Encontrar y obtener armas en Ucrania siempre ha sido fácil.

Los organizadores del putsch de 2014 contra el gobierno legítimo de Ucrania fueron abastecidos de armas por gobiernos internacionales, que no se limitaron solamente a repartir bocadillos entre los golpistas en la plaza Maidan de Kiev.

Asimismo, los actores no estatales, organizaciones nacionalistas extremas o de filiación nazi, han desempeñado un papel destacado en la política interna ucraniana durante años.

Esos grupos militares irregulares dominaron la escena a lo largo de los años y nunca quisieron devolver las armas que tanta influencia y poder les habían otorgado.

En 2017, por ejemplo, se estimaba que había en Ucrania 11 millones de armas de todo tipo y las Fuerzas Armadas y de seguridad ucranianas habían extendido la práctica de regalar armas a sus políticos favoritos con el fin de congraciarse y obtener, así, acceso privilegiado a ellos para solicitar, posteriormente, todo tipo de favores.

Al comienzo, en febrero de 2022, de la llamada Operación Militar Especial (OME) rusa en Ucrania, Zelensky ordenó la distribución sin restricciones de armas entre la población civil que estuviera dispuesta a combatir contra Rusia.

Sólo en los dos primeros días posteriores al comienzo de la OME, el gobierno de Kiev puso 25.000 rifles de asalto en manos de los ciudadanos ucranianos y, desde entonces, Estados Unidos (EEUU) y los países europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) le están distribuyendo sistemas de armas occidentales sin ningún tipo de control.

El tráfico ilegal de armas en Ucrania era un negocio gestionado por gente muy poderosa y estaba muy extendido en Ucrania antes del estallido del enfrentamiento que comenzó en 2022.

La proliferación de armas en manos de los actores no estatales del crimen organizado ucraniano se desbordó tras el golpe de 2014 y los crímenes violentos con armas se multiplicaron por diez en Ucrania a partir en ese año.

Según las estimaciones de 2023, en Ucrania hay entre 7 y 9 millones de armas de fuego legalmente distribuidas y otros 7 millones que no están registradas y que, por lo tanto, sobre las que no existen nombres o registros oficiales de sus propietarios.

Las redes extensas y tupidas del crimen organizado ucraniano, que ya existían en el país antes de febrero de 2022, están adaptándose con rapidez a las nuevas circunstancias del entorno operativo de sus modelos de negocio y se están extendiendo hacia el sur y, de manera especial, hacia el oeste.

Desde varios países europeos, como es el caso de Polonia, llega a estos grupos ucranianos del mercado ilegal de armas una demanda creciente por acceder rápidamente a éstas y que está dispuesta a pagar el precio que se le pida por ellas.

La corrupción que existía en Ucrania, de forma específica, dentro de sus fuerzas de seguridad, antes del comienzo de la OME, continúa hoy, con la misma profundidad que antaño, y los grupos que la controlan han podido cambiar, fruto de la competencia en el mercado, pero no ha desaparecido, ni mucho menos.

En definitiva, “la corrupción está en todas partes en Ucrania” es la frase más repetida por los analistas externos e internos de este fenómeno.

Queda por dilucidar cómo reaccionarán los ucranianos si el conflicto concluye, como parece que hará, con Ucrania perdiendo partes significativas de su territorio anterior a febrero de 2022, qué harán las milicias ucranianas, en ese caso, y hacia quiénes dirigirán su frustración por este hecho más que probable.

Las organizaciones ucranianas del crimen organizado están preparándose para ese momento, sobre todo, si Ucrania pierde su salida al Mar Negro, a través de Odesa y de Nikolayiev, si éstas terminan formando parte de la Federación de Rusia, dado que han sido, hasta el momento presente, la ruta de salida y de entrada logística para la exportación y para la importación de sus modelos de negocio.

Jürgen Stock, secretario general de Interpol, avisó, en junio de 2022, de que las armas que Washington y sus aliados estaban suministrando al gobierno de Kiev era probable que acabaran en el mercado negro mundial.

Esa predicción fue confirmada, por ejemplo, por Christer Ahlgren, de la Oficina Nacional de Investigación finlandesa (NBI), quien, en octubre de 2022, afirmó que las armas enviadas a Ucrania habían acabado en manos de la delincuencia, ya que habían encontrado el camino de vuelta a Finlandia, a Suecia, a Dinamarca y a los Países Bajos.

Algo similar está ocurriendo en otras latitudes, ya que responsables de la Inteligencia francesa han identificado la llegada de estas armas no sólo a las redes del crimen organizado multinacional, sino, también, a las del terrorismo yihadista, por ejemplo, en el Sahel africano.

Desde febrero de 2022 hasta el momento presente, ha llegado a Ucrania, desde EE. UU. y desde Europa, armamento por valor de más de 65 millardos de euros que está siendo, en parte, desviado hacia el crimen organizado y el terrorismo internacionales en todo el mundo.

Ante esta realidad, es legítimo preguntarse, por tanto, cuál es el destino final de los más de 82 millardos de euros que Occidente ha entregado al gobierno de Kiev y si parte de éstos, además de servir para que líderes ucranianos se estén enriquecido, están volviendo, una vez centrifugados en la lavadora ucraniana, para que el entusiasmo de algunos líderes europeos y estadounidenses en favor de la continuación de este conflicto no decaiga.